Opinión
Elis Peralta
Especialistas alertan sobre el impacto del estrés laboral y el deterioro de la salud mental en trabajadores y jóvenes
El agotamiento emocional se ha convertido en una de las crisis más silenciosas de la actualidad. Mientras millones de personas intentan cumplir con jornadas laborales cada vez más demandantes, el estrés crónico y el desgaste mental avanzan de forma casi imperceptible, hasta afectar profundamente la salud física, emocional y familiar.
Durante años, trabajar sin descanso fue considerado un símbolo de éxito, disciplina y productividad.
Sin embargo, especialistas en salud mental advierten que esta cultura de la hiperexigencia está dejando consecuencias preocupantes en trabajadores, estudiantes y jóvenes profesionales que viven bajo presión constante.
El síndrome de burnout, también conocido como “trabajador quemado”, es un estado de agotamiento físico, emocional y mental provocado por el estrés laboral prolongado.
La Organización Mundial de la Salud lo reconoce oficialmente como un fenómeno asociado al entorno de trabajo.
Actualmente, este problema impacta distintos sectores: oficinas, hospitales, centros educativos, medios de comunicación y empresas privadas. Muchas personas continúan trabajando mientras enfrentan ansiedad, insomnio, irritabilidad, fatiga extrema y una sensación permanente de saturación emocional.
Especialistas aseguran que el cuerpo termina manifestando lo que la mente ha soportado durante demasiado tiempo.
El médico psiquiatra Carlos Cenalmor ha advertido que el exceso de estrés puede desencadenar importantes consecuencias físicas, mientras que el psicólogo argentino Sergio Azzara sostiene que el burnout ya “desborda los consultorios”.
En República Dominicana, expertos alertan sobre el desgaste provocado por las largas jornadas laborales, el pluriempleo, la falta de descanso y las dificultades económicas, una realidad que también comienza a deteriorar la estabilidad familiar y emocional de miles de personas.
Una crisis que también golpea el hogar
Para el presidente de la Asociación de Psicólogos Católicos y de la Fundación Amigos de la Salud Mental, el padre Juan Amadís, el burnout se ha convertido en una crisis silenciosa dentro de la sociedad dominicana porque muchas personas han normalizado vivir emocionalmente agotadas.
“El problema es que hemos dejado de vivir para aprender a sobrevivir. Las personas viven irritadas, ansiosas, desconectadas emocionalmente y creen que eso es normal”, expresó.
El especialista explicó que el agotamiento no solo afecta el rendimiento laboral, sino también la convivencia familiar, la estabilidad emocional y la vida espiritual.
“Muchas personas llegan a perder la paciencia con sus hijos, se aíslan emocionalmente y dejan de disfrutar la vida. Incluso su espiritualidad puede verse afectada por el desgaste mental”, sostuvo.
Asimismo, hizo un llamado a desacelerar el ritmo de vida y prestar mayor atención al bienestar emocional.
“Cada individuo necesita detenerse por un momento y asumir una visión más humana y consciente de sí mismo. Vivimos en una sociedad acelerada, dentro de un sistema que muchas veces nos obliga a desconectarnos de nosotros mismos, de nuestras emociones y hasta de nuestra propia paz interior”, afirmó.
Amadís consideró además que la salud mental debe convertirse en una conversación colectiva y permanente dentro de toda la sociedad.
“Necesitamos mirar con mayor criterio este tema y crear verdadera conciencia. Los influencers, comunicadores y figuras públicas también pueden utilizar sus plataformas para orientar y promover el cuidado emocional, especialmente entre los jóvenes”, expresó.
Más allá del cansancio
Especialistas coinciden en que el burnout no debe confundirse con el cansancio cotidiano. Se trata de una condición que, cuando no se atiende a tiempo, puede derivar en depresión, ansiedad severa, aislamiento social e incluso enfermedades físicas relacionadas con el estrés prolongado.