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DAVID, 47 AÑOS DESPUÉS

 La noche que Villa Ocoa Viejo no olvida

Parte 2 de 2


Una madre que perdió a sus hijos

Para Melida Vargas, David tiene un significado todavía más personal.

No solamente perdió su casa.

Perdió a dos de sus hijos.

Recuerda haber buscado protección junto a ellos y haberle pedido a la Virgen que los salvara.

Después vino la desesperación.

Preguntaba por Valentina y Jordi.

Nadie podía darle una respuesta.

Finalmente, el silencio confirmó lo que una madre jamás quisiera escuchar.

Melida fue trasladada posteriormente al Liceo José Francisco Bobadilla y luego a los barracones levantados para los damnificados.

Su vida, según su propio testimonio, quedó marcada por el dolor.

El rescate en medio del caos

Los sobrevivientes también recuerdan a quienes se lanzaron a ayudar.

Oscar Lebrón, conocido como Toné, formó parte de los equipos de rescate junto a Papo Adames, Lile Méndez, Carlos Romeo Méndez —Yeco— y Andrés Veloz.

Pero mientras ayudaba a rescatar a otros, Toné también enfrentaba su propia tragedia.

El río se llevó a su padre, Oscar Lebrón; a sus hermanas Welka Lebrón y Alba Luz Lebrón; y a su tía Sergia Méndez.

Los que sobrevivieron contra todo pronóstico

Algunas historias parecen sacadas de una película.

Los entrevistados recuerdan a un hombre conocido como Francisco, quien era minusválido y logró sobrevivir aferrándose al caballete de su vivienda.

También recuerdan a Carlos Romeo Méndez, Yeco, quien consiguió mantenerse aferrado al techo de la escuela mientras las aguas cubrían la comunidad.

Fueron vidas salvadas en medio de una noche en la que muchas otras se perdieron.

De las ruinas nació Villa Ocoa Nuevo

Pero la historia de David no termina con la destrucción.

Después de la tragedia comenzó la reconstrucción.

Los damnificados fueron trasladados inicialmente a viviendas de familiares, al Liceo José Francisco Bobadilla y posteriormente a barracones levantados en los terrenos donde actualmente funciona el Play Municipal.

Llegaron alimentos.

Llegaron equipos.

Llegaron brigadas.

Y comenzó a surgir la idea de construir un nuevo barrio.

El profesor Nicolás Martínez Calderón, entonces promotor social de la Oficina para el Desarrollo de la Comunidad (ODC), participó en el proceso.

Junto a su primo Raymundo Calderón, dio seguimiento al proyecto destinado a las familias afectadas.

En octubre de 1979 se convocó a los damnificados a una reunión. Asistieron 104 personas.

Los propios beneficiarios aportarían mano de obra en las labores no especializadas, mientras el Gobierno y las instituciones participantes proporcionarían ingenieros, albañiles, carpinteros y otros trabajadores.

También participaron voluntarios del Ejército Internacional de Salvación.

Las mujeres viudas que no podían realizar trabajos físicos colaboraban preparando alimentos para las brigadas.

Finalmente fueron construidas 104 viviendas: 100 en Villa Ocoa Nuevo y cuatro en la parte alta de Villa Ocoa Viejo.

Así, de las ruinas comenzó a levantarse una nueva comunidad.

FRASES PARA DESTACAR EN LA MAQUETACIÓN

“En el ciclón David quedamos sin nada”.

“Después volvieron los gritos y el llanto”.

“El río arrastraba madera, zinc, casas, árboles, troncos, sillas, mesas y colchones”.

“David no solamente destruyó su casa: también destruyó parte de su vida”.

“La tragedia dividió sus vidas en un antes y un después”.

“Para los damnificados, aquellas viviendas significaron la posibilidad de comenzar nuevamente”.

“La fosa común permanece como uno de los símbolos más dolorosos de aquella tragedia”.

Una memoria que no debe desaparecer.

Para las nuevas generaciones, David puede ser simplemente el nombre de un huracán registrado en los libros de historia.

Para quienes estuvieron aquella noche en Villa Ocoa Viejo, fue mucho más que eso.

Fue el río llevándose las casas.

Fue la búsqueda desesperada de familiares.

Fue el silencio después de la tormenta.

Fueron los cuerpos recuperados.

Fue una comunidad obligada a comenzar desde cero.

Y también fue solidaridad.

Fue reconstrucción.

Fue el nacimiento de Villa Ocoa Nuevo.

Cuarenta y siete años después, los recuerdos permanecen, pero también permanece la esperanza que nació de las ruinas: la capacidad de un pueblo para levantarse, reconstruirse y seguir adelante sin olvidar a quienes quedaron en el camino.

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